domingo, 31 de mayo de 2015

IRONMAN Lanzarote 2015




Lo que empezó, como una idea un poco loca en una cena de amigos en casa y sellada con un brindis, llegó hacerse realidad el pasado sábado. De esto hace más de un año y entonces se veía muy lejano. Parecía que no iba a llegar el 23 de mayo nunca. No nos vamos a engañar, ha sido un viaje largo, con paradas en Nueva York y Paris, hasta llegar a Lanzarote. Un viaje con momentos duros, con muchos sacrificios pero sobre todo un viaje que he disfrutado desde el primer minuto.  Por supuesto este viaje no lo he hecho solo. De la mano de mi entrenador Daniel Rodríguez y su empresa de entrenamiento personal (PERSONAL RUNNING) he podido llegar en las mejores condiciones posibles. Y por supuesto, sin el apoyo de la familia (aunque  no siempre me entienden del todo), de mi chica (que siempre está cerca en los momentos más difíciles) y de abrazos del peque (que te dan la vida después de entrenos interminables), literalmente hubiera sido completamente imposible afrontar este reto.



Para esta aventura, además de Bárbara y Álvaro, animadores habituales, tuve la fortuna de que me pudieran acompañar mis padres. No dudaron ni un segundo en venirse a Lanzarote y acompañarme para vivir conmigo la prueba y los días previos. Fueron de gran ayuda y un apoyo importante para que todo saliera bien, tanto los días antes ayudando en todo, como el dia de la carrera. Sin su ayuda inesperada, no hubiera podido acabar como lo hice (luego os lo cuento). Su presencia lo hizo más especial aun. Muchas gracias, no lo olvidaré nunca.




Hace unos años tuve la suerte de conocer Manu, un compañero de fatigas en este mundo del triatlón, además de compañero de trabajo. Sin dudarlo, se apuntó a este reto desde el primer momento. Como él dice, este tipo de retos en compañía los hace un poco más especiales si cabe. Cuando te planteas retos de este estilo es muy difícil encontrar a gente que te siga, con la cual compartir toda la preparación y sobre todo que te comprenda. Pues con Manu, lo encontré. 



Voy a intentar explicar de la mejor manera posible lo que viví durante las algo más de 13 horas en las que estuve compitiendo. Va ser complicado ya que fue un carrusel infinito de sentimientos y de cambios de ánimo. En mi vida había disfrutado y sufrido tanto a la vez.
Llegamos tres días antes a la isla en un vuelo muy temprano. Era la tercera visita a la isla y lo primero que me llama la atención es el viento que hace. En ninguna  de las otras dos ocasiones había vivido algo parecido. El viento era muy fuerte y hacía muy peligroso montar en bici. El día que salimos a probar que la bici estaba bien, nos volvimos rápidamente a casa porque era imposible montar, nuestro único objetivo era no caernos. Tuvimos algún que otro aviso de irnos al suelo pero no fue a más. Según pasaron los días el aire iba disminuyendo, pero no mucho tal y como al final se vio el día de la carrera.


¿A quien se le ve mas preocupado?

Y llegó el día: a las cuatro de la mañana ya estaba sonando el despertador. Pude dormir bastante bien, no muchas horas pero las que dormí fueron buenas. Me encuentro bien, increíblemente estoy tranquilo, muy confiado de que las cosas van a salir bien. Duchita, preparar los bidones y a desayunar con mis padres. No quiero desayunar mucho, me da miedo llenarme mucho y que luego tenga problemas con la tripa. Unos cereales, algún bollo y algo de fruta.

A las cinco y media de la mañana estamos llegando a la playa. Hay muy buen ambiente y muchísima gente. Doy los últimos retoques a la bici, veo que esta todo en su sitio: ruedas, bebidas y alimentación. Todo pasa muy rápido, en seguida estoy en la playa terminando de ponerme el neopreno. Afortunadamente veo muy pronto a mi grupo de animadores que me dan una tranquilad increíble con sus abrazos y besos. Lástima que no puedo ver a mi padre, me falta su abrazo pero sé que está muy cerca entre toda esa gente y que seguro que me está mandándome toda la fuerza.



Para tomar la salida me pongo en el grupo delantero, no con los primero pero bastante adelante. Me encuentro fuerte y con muchas ganas, estoy seguro que puedo hacer una natación buena y en un tiempo cercano a la hora. Un minuto para la salida y no dejo de buscar con la mirada a Bárbara y Alvaro, sus sonrisas me calman. Cojo aire, suena la bocina y al agua. Enseguida estamos nadando, cuesta mucho hacerse un hueco y los primeros metros recibo palos por todos los lados pero en ningún momento me agobio por eso, sigo a mi ritmo sabiendo que en cualquier momento comenzaré a nadar tranquilamente. La verdad que ese momento se hace esperar y solo a la mitad de la primera vuelta ya se puede nadar sin recibir muchos palos. Completo la primera vuelta y mientras paso por la playa para volver al agua me da tiempo a ver el reloj y veo que salgo en 30 minutos, el plan va perfecto. También me da tiempo a saludar a los míos que me gritan con todas sus ganas y me entra un escalofrío al verles. Empiezo la segunda vuelta y ya cambio un poco el chip, empiezo a pensar más en mis piernas y reduzco considerablemente el ritmo de patada para intentar llegar con ellas lo más descasadas posibles. En esta segunda vuelta me doy cuenta que hay algo más de viento  y noto más la corriente, no sé si por ir más solo nadando o porque las condiciones cambiaron. El caso es que, entre la corriente y un nado un poco más conservador, paso la segunda vuelta en 34min. Aunque esta segunda vuelta es más lenta en conjunto es un buen tiempo, lo hubiera firmado antes de comenzar. 1h 05min que implica salir en con los 250 primeros atletas, lo que hace que salga súper motivado. Sin apenas fatiga por la hora nadando, me dirijo a la T1.



En esta primera transición me lo tomo con calma, busco un hueco para quitarme el neopreno y vestirme de ciclista mientras unas voluntarias te untan de crema solar. Noto que tengo el pulso alto y eso me hace cometer algunos errores como ponerme el culotte al revés o no acertar a abrocharme la cremallera de la parte de arriba. Entre que me lo tomé con calma y estas cositas, fue una T1 muy lenta de casi de unos 10 min.

Y comenzamos la bici, con muchas ganas y sabiendo que iba a ser muy largo. De salida en la bici tengo tres objetivos que son: comer bien, no caerme por el viento y llegar con piernas para luego correr. Los primeros metros parece que no hay tanto viento pero es un espejismo ya que nada más salir de Puerto del Carmen el viento nos golpea con toda su fuerza. 

Primeros metros

Los primeros kilómetros son muy duros, en cuestas donde seguramente las subirías con plato y a buen ritmo, tienes que ir con casi todo el desarrollo metido y apenas avanzas. Ves como todo el mundo sufre muchísimo para superar repechos de apenas unos kilómetros que se convierten en auténticos puertos. Aquí es donde me doy cuenta que va ser una bici muy dura y de supervivencia.  El primer momento donde empiezo a disfrutar de verdad es en el tramo de El Golfo, primero porque es un lugar mágico y luego porque es uno de los pocos tramos del recorrido donde el viento es a favor y se puede ir rápido. Empujo todo lo que puedo, me encuentro bien, grito, me animo y me emociono al darme cuenta que estoy corriendo un IRONMAN.

Volando por el Golfo

 A la entrada al parque de Timanfaya el viento nos vuelve a dar en el morro con toda su fuerza. La famosa recta de entrada al parque con sus toboganes siempre apuntando hacia arriba se hace muy larga. Pero eso no evita que te quedes con la boca abierta contemplando el impresiónate paisaje. Una vez alcanzada la cima del parque de Timanfaya, largo tramo de bajada hacia La Santa, no se puede ir todo lo rápido que te gustaría ya que el viento es un continuo freno para avanzar rápido. De La Santa a Famara, otro tramo precioso pero para mi muy peligroso, el viento entraba de lado y la bicicleta no dejaba de dar bandazos. A pesar de llevarme algún que otro susto, lo pude superar sin incidencias. Eso sí, frenando más de lo que me hubiera gustado. Una vez llegado a Famara empieza la parte más dura de la carrera con la subida a los dos miradores. La primera parte es más tendida y con viento a favor lo que la hace muy llevadera; pero cuando giramos a la derecha para ir dirección a Teguise, el viento sopla con más fuerza que nunca. En Teguise tengo una gran alegría al ver a mi equipo de animadores en una rotonda, incluso me da tiempo a chochar la mano con mi madre. Es como un chorro de aire fresco, lleno de energía para lo que se me venía por delante. La subida a mirador de Haria fue un verdadero infierno, el viento lo convirtió en un verdadero suplicio y solo el sándwich de Nocilla que tenía en el avituallamiento especial en la cumbre me motivaba a seguir tirando. Incluso cayeron algunas gotas de lluvia. 


No lo había contado pero toda la parte norte de la isla estaba cubierta por las nubes y para nada había sensación de calor. Una vez coronado el puerto y habiendo hecho una parada cortita para reponer fuerzas hacemos el descenso hacia Haria, entre fuertes golpes de viento y temblores por el frio que estaba pasando. La subida al Mirador del Río fue es más llevadera, quizá sean esas vistas que te hipnotizan cuando llegas a tramo final y ves la isla de la Graciosa desde todo lo alto. Te emocionas, alguna lágrima cae e intentas guardar en la memoria cada instante porque sabes que estás ante un momento que nunca olvidarás. Parece que lo más duro está hecho.

Últimos metros del Mirador del Río
Comienza el descenso, sin tomar más riesgos de los necesarios. 


Al llegar a Arrieta vuelvo a ver a mi equipo animador. Emoción máxima de nuevo. No se lo puedo decir pero no saben los que les agradezco ese esfuerzo y paliza que se dan para solo verme unos segundos. Pero esos segundos me dan alas para seguir tirando. Parece que ya esta todo hecho pero para nada, al llegar a Tahiche (km 132) aun quedan como 35kms de subida, que si bien no son muy duros, ya pican en las piernas y la cabeza la tengo como un bombo de tanto aire. Los últimos kms hacia el puerto del Carmen me los tomo muy tranquilos, intentando recuperar las patas que aún queda una maratón. Al final 6 horas  49 min, más lento de lo esperado pero para las condiciones que había, es para estar más que contento.

Llegada a la T2

Me bajo de la bici y las primeras sensaciones son buenísimas, sin calambres y puedo correr hacia mi bolsa. Alegrón total. Al recoger la bolsa, de nuevo mi equipo animador, ahora si que me paro a intercambiar unas palabras. Esta segunda transición también es tranquila, me cambio de ropa, un poco de cremita de las voluntarias, un pis y listo a correr.
La maratón son tres vueltas, una de 22 kilometros  y dos de 10kms.


Empiezo bien, con mucha fuerza, haciendo los primeros kilometros  por debajo de 5 minutos el kilómetros, me doy cuenta que quizá voy muy rápido y que la carrera es larga, por lo que decido bajar el ritmo a propósito para poder correr durante toda la carrera, que es el objetivo último. En los avituallamientos paro para beber, comer algo y sigo de inmediato. 



Todo va fenomenal hasta el final de la primera vuelta. Sería por el km 18 ó 19 cuando la tripa empieza hacer de las suyas. Me duele mucho toda la zona abdominal y de los riñones. Es tan fuerte el dolor que no puedo correr, y apenas puedo andar. La rabia me invade, es muy frustrante porque de piernas y de cabeza voy bien pero es dar un paso y duele mucho. En ningún momento se me pasa por la cabeza retirarme y tiro para adelante aunque sea andando y con la esperanza que se pase en algún momento. 




Esto sería el km 21, me pasé caminado casi 11kms. Incluso durante un rato me dió tiempo a que mi madre me pasara por teléfono a mi hermano Pablo y a Marina. Fue una charla muy divertida, que sirvió para animarme sacándome una sonrisa y que me vino muy bien para lo que aun quedaba por delante. Afortunadamente mi equipo animador consciente de mi problema estomacal, tiene la brillante idea de comprarme un protector de estómago. Esto sería por el kilometro 31, es decir final de la segunda vuelta.


Esta foto lo dice todo

Pues bien, fue como una poción mágica y rápidamente el dolor disminuyó una barbaridad, tal fue la mejoría que pude volver a correr, y correr a ritmos parecidos al principio. Como hubiera cambiado la cosa si me hubiera tomado esa pastilla antes. Pero bueno, pasamos el bache y pude disfrutar de los últimos kilómetros.


Sufrimiento máximo

Y si digo disfrutar, no sé cómo describir esos últimos instantes pero  son de la cosas más alucinantes que he sentido. De repente te invaden un montón de sentimientos, de pensamientos de sensaciones……. Todo pasa tan rápido que pierdes la noción del tiempo, incluso cosas que tenías planeadas hacer al llegar a la meta no sabes cómo hacerlas y te bloqueas (esto es para Bárbara). Pero de lo que no me olvidaré nunca es de llegar a los últimos 15 metros y ver a Bárbara apostada en una valla y darla un abrazo. No recuerdo la conversación que tuvimos pero me quedo con su sonrisa y ese abrazo. Me quedo con levantar la mirada y ver sentada en un banco a mi madre que agita su brazo para que la vea, con una sonrisa de lado a lado de la cara y con Álvaro en el otro brazo, había caído rendido después de un día animando sin parar, y está durmiendo en sus brazos. Intento buscar a mi padre pero no le veo, me pasa lo mismo que en la salida, le busco pero no le veo pero sé que esta y que debe estar muy contento. Lo siento. Me dirijo a la meta, me echo las manos a la cabeza porque no me creo que lo haya conseguido. Me emociono y los ojos se me empañan. Cruzo la meta y te das cuentas que todos los sacrificios que hecho durante todos estos meses han merecido la pena.




Alegría máxima

Al final unas 13 horas 14 minutos 13 segundos. Pueden parecer mucho tiempo pero pasó volando. Puedo decir que sufrí y disfruté como no lo había hecho en mi vida. Alcanzando una felicidad máxima.


Objetivo cumplido

Nada más cruzar la meta me encuentro con mi compañero de fatigas Manuel Gutierrez, nos abrazamos y nos damos la enhorabuena. Este tío ha hecho un carrerón y llegó un rato antes que yo a la meta. Se lo merece, ha trabajado mucho para llegar aquí y las cosas le han salido bien. Me alegro mucho por él, ya que se merece lo mejor, he descubierto una gran persona y su amistad es una de las cosas que me llevo de toda esta experiencia que hemos compartido desde el primer momento.


Con el gran Manu, luciendo medallas

No me quiero olvidar de mi compañero de equipo, Alex, hizo un carrerón espectacular. Conociéndole, no esperaba menos. Eché mucho de menos el verle en meta y poder darle un fuerte abrazo. Alex es para quitarse el sombrero como atleta pero es mucho persona cuando le conoces. Me alegro mucho de como te salieron las cosas, tenemos que empezar a pensar en la próxima.

Ya hace unos días que volvimos y la recuperación está siendo muy buena, físicamente sin apenas secuelas estoy muy sorprendido pero psicológicamente me ha dejado un hueco muy grande. Me está costando volver a la normalidad. Tengo que ver cómo plantearme mi futuro deportivo y hacia dónde orientarlo.

Para los que habéis aguantado todo este rollo hasta el final os espera una sorpresa. Como he escrito antes el alcanzar este objetivo y todo lo que ha llevado ha representado la felicidad máxima. Y gran parte de culpa de esta felicidad es porque dentro de unos meses el equipo animador de este IRONMAN en construcción va a ser uno más. Voy a ser padre de nuevo.

Qué más puedo decir.


Va por todos vosotros
GRACIAS

Nacho

martes, 21 de abril de 2015

Marathon Paris 2015


Y a la décima fue la buena. No sé si seré yo que soy un poco zoquete pero he tardado nada más y nada menos que 10 maratones en correr una con un poco de cabeza. Creo que pocas  veces (o ninguna) he salido de una carrera con la sensación de haberlo hecho bien, de haber corrido con cabeza y haberlo dejado todo en el asfalto. Siempre me he quedado con la sensación de haber fallado en algo, sin ir más lejos leer la entrada de la Maratón de Nueva York, pero en esta ocasión no me puedo reprochar nada. Evidentemente siempre se puede hacer mejor pero con el entreno que llevaba en las piernas corrí en mi tiempo (minuto arriba minuto abajo), siempre pensando que la Maratón de Paris no era un objetivo prioritario sino un entreno para el objetivo de la temporada que es el IronMan de Lanzarote.

Recogida del dorsal con mi mayor animador

En esta ocasión fue un viaje un poco más express, volamos a la capital francesa el viernes por la tarde y volvimos el lunes al mediodía. Vamos que no llegó ni a tres días. Son pocos los días que se tienen de vacaciones y hay que repartiros bien a lo largo de todo el año. Por no hablar de la pasta que aún nos estamos recuperando de la semana de Nueva York.

Salida de la Marathon


Toda la semana previa a la competición la pase bastante cansadete, seguramente me pasó un poco factura los entrenos duros que hice durante la semana santa, donde sobre todo en bici me metí mucha caña. Esto me hacía albergar dudas sobre como iría la carrera. Los dos días que corrí esa semana previa fueron con muy malas sensaciones y con pocas ganas. El sábado, día antes de la carrera, fue también duro. Entre el viaje con el peque, la visita a la feria, paseo por la torre Eiffel y de hacer un poco turismo, la verdad que acabé reventado. Se que no es lo ideal pero es parte de estas aventuras, correr y conocer sitios. Es poco el tiempo que tenemos y hay que aprovecharlo al máximo, quien sabe cuándo podré volver a Paris.


Todas estas sensaciones cambian el domingo, a pesar de no haber dormido mucho me levanto con muchas ganas y energía para afronta la prueba. No desayuné mucho, no quería llenarme mucho por lo mío y cambié  parte del desayuno por barritas energéticas que sabía que me sientan bien. Y a la salida que nos fuimos. Hacia fresquete a primera hora pero luego salió un día perfecto. Sol y una temperatura de 16 o 17 grados. Vamos que ideal para correr.








De salida me había marcado en el reloj un ritmo referencia de 4:30, eso implicaba correr la maraton en 3 h 10 min, como en NY (que hice 3:11:50). Sinceramente antes de comenzar la carrera no pensaba que podría mantener ese ritmo ya que tenía la sensación de no llevar la carrera tan bien preparada como para NY. Pues me equivoqué, estos fueros lo ritmos de paso en cada 5kms:


Si algo puede definir la carrera fue la de mantener un ritmo bueno y  constante desde el principio hasta el final. Ni me dejé ir en los tramos favorables ni me hundí en los durillos. Y esto no te creas que fue fácil ya que los primeros 6 o 7 km eran para correr bien pero me contuve y no me dejé llevar por la emoción del momento. Constantemente mirando el reloj y bajando el ritmo a propósito. Era extraño porque mucha gente me adelantaba pero yo iba a la mía. La experiencia de NY donde estuve corriendo a ritmos muy altos durante casi 30 kms y que luego lo pague bien pagado me hizo controlarme. Eso sí, el último tramo de carrera, como los últimos 12 kms, no dejé  de recoger cadáveres. Qué grande es la sensación de llegar al final de una prueba tan larga y verte con fuerzas para mantener mi ritmo que llevo hasta el final.

La carrera como tal es una pasada, la organización es fenomenal. Una feria donde no tuve que hacer ni una cola. Sin agobios en los cajones de salida, se pudo correr desde el primer momento, la verdad que es todo un acierto el hacer salidas por oleadas y no todos de golpe. Los avituallamientos cada 5km, donde te daban botellas de agua y lo que pudieras necesitar. Y a la meta igual, un avituallamiento sin nada del otro mundo pero tenías todo lo que podías necesitar. Vamos que una carrera de diez con un recorrido espectacular pasando por algunos de los sitios más bonitos de Paris. Sin lugar a dudas me la apunto en la lista de carreras donde volvería a ir. Sin lugar a dudas.


Y una vez más dar las gracias a mi supporting team por acompañarme a una aventura más.


¿Y ahora qué? Pues a pensar en Lanzarote, en apenas algo más de un mes tengo el IronMan. Sin duda que será duro las semanas que quedan de entrenamiento así como la prueba pero después de Paris salgo con mucha moral y con más ganas que nunca de hacerlo bien.

A por ello.

martes, 11 de noviembre de 2014

Un sueño cumplido - NYC Marathon



Voy a aprovechar la tranquilidad del vuelo nocturno de vuelta a casa para intentar explicar lo que significa para un deportista amateur como yo, el haber vivido posiblemente una de las experiencias deportivas más impresionantes a la que un deportista de mi nivel puede llegar a vivir. Así que me dispongo a intentar explicar en estas líneas como lo viví y todo lo que sentí el pasado domingo dos de noviembre.

Para quien no lo sepa este sueño empezó hace ya más de cuatro años y después de ya haber corrido mis primeras maratones, cuando se me ocurrió apuntarme por primer vez al sorteo que hace la organización de la maratón para conseguir un dorsal. La verdad que sin mucha esperanza sabiendo lo difícil que era que te tocara una plaza. Pero tenía un as guardado debajo de la manga y era la posibilidad de obtener plaza asegurada si participaba tres años en el sorteo y no me tocaba pues al cuarto tenía dorsal asegurado. Pues como no me tocó por sorteo en ninguno de los tres intentos a la cuarta tuve dorsal. Con la fortuna que ésta era la última vez que se podría conseguir un dorsal de esta manera.

Para mi el maratón de Nueva York era la novena ocasión en la que me enfrentaba a esta mítica distancia. Cuatro veces Madrid, una San Sebastián, una Roma y dos ocasiones en Berlín. Precisamente en Berlín y hace un año es donde hasta la fecha hice mi mejor marca personal con 3h 23min. Para esta prueba me preparé a conciencia y puse todo lo que estaba de mi parte para llegar a esta fecha en las mejores condiciones posibles y tener la posibilidad de afrontar la prueba con las mejores garantías. Para que esto se cumpliera conté con mi amigo Dani. Dani es posiblemente uno de los mejores deportistas que conozco y como entrenador aún mejor. Gracias a él y al equipo de Personal Running he llegado mejor que nunca a una prueba de este tipo. Me atrevo a llamarle amigo porque se ha portado como tal. Cuando decides tener un entrenador personal, al principio piensas que todo se va a limitar a que te mande una planificación con lo que tienes que hacer durante la semana y ya está. Pues con el señor Daniel Rodríguez esto no ha así, sino todo lo contrario. Casi siempre nuestra comunicación ha sido vía  mail ya que últimamente no coincidíamos mucho en los estrenos del equipo, pero esos mails han sido más que un mail indicando entrenos, ritmos o tablas de ejercicios, han sido en muchas ocasiones una fuente de innumerables y buenos consejos, de inspiración, de ánimos cuando las cosas no han salido como uno esperaba y sobre todo de me sirvieron para aprender a entrenar y se un poco mejor deportista en todos los sentidos. Por eso quiero darle las gracias a el por haberme ayudado en esta primera parte de los objetivos que tenemos marcados.

La maratón de Nueva York es como su ciudad, todo a lo grande.  Y todo lo que rodea a su maratón está a esa altura, ya sea en organización, en voluntarios, recorrido y con una ciudad literalmente entregada que hacen que se viva la prueba de una forma especial. Llegamos a la ciudad el viernes, a dos días de la carrera y con tiempo de sobra para adaptarnos al cambio horario. Los nervios aparecen cuando vamos el sábado y recoger el dorsal y ves el ambientazo que hay en la feria. Aquí tienes que ir con un presupuesto fijado porque sino sales de la feria con media tienda y la tarjeta tiritando. Algo nos compramos pero supimos controlarnos (un poquito). En la medida de lo posible intenté comer lo mejor posible los días previos a la prueba y sobre todo descansar lo máximo posible, pero cuando estás fuera de casa no siempre es fácil. Lo peor, el vuelo que se hizo muy largo.

El día de la prueba empezó muy pronto, a eso de las cinco de la mañana ya que tenía que coger el autobús a las seis. Tuvimos la mala suerte que nos tocó un día de mucho frío, pero mucho.  La temperatura en la salida era de 3 grados pero la sensación térmica provocada por el viento era de bajo cero. El viento, ése si que fue un problema tanto antes como durante la carrera. En esas circunstancias tocaba correr vestido como si fuera pleno invierno. Y llevarme toda la ropa posible para abrigarme en la salida. Cuando sales del hotel ya te das cuenta donde estas y lo que vas hacer. Que vas a correr LA MARATÓN DE NUEVA YORK. Ves como riadas de gente se dirigen hacia el punto donde se coge el autobús, las caras serias y concentradas es la nota predominante. Impresiona mucho levantar la cabeza mientras esperas al autobús y ver el edificio Crisler o Empire State Building iluminado en la noche neoyorquina. El traslado fue muy rápido y a las seis y media de la mañana o un poquito mas ya estábamos en la salida. Con tres horas por delante para la salida y un frío de muerte. Me abrigue con mantas y algún  plástico para llevarlo lo mejor posible. Para resguardame del frío y del viento me metí entre dos furgonetas de la prensa. La cosa no era mucho mejor pero al menos me libraba del fuerte viento. La zona de salida era una pasada, había una zona donde podías tomar algo de desayunar o tomar algo caliente. Además teníamos baños de sobra para el apretón de ultimo momento. Ojo que estás hablando de 50.000 almas. Como no tenía mucho que hacer y había desayunado, me dirigí a mi corral para ver si dentro de lo posible podría salir con los de delante. Mi salida era por debajo del puente de Vezerrano, con mucho menos glamour que salir por la parte alta pero no se puede pedir todo. Cuando se acercan los minutos previos a la salida los nervios ya están a flor de piel, que si a ver cómo aguanta rodilla, que el isquio no dé mucha guerra, que la tripa no haga de las suyas, en fin todas esas dudas que nos pasan por la cabeza a todos los corredores y cuando empieza la carrera se olvidan. Según nos llevan como ovejas a la salida empiezas a quitarte capas de ropa que dejas a los lados de la carretera y que después se recoge para donar.

Pues ya estamos en la salida, con la fortuna de estar en tercera línea y muy bien colocado para quitarme todo el mogollón. Lo peor de salir por la parte baja del puente es no haber podido disfrutar del himno y de la canción de Frank Sinatra New York New York.

Tres, dos, uno........ Y se escucha el cañonazo de salida. Todos a correr. Lo primero que pienso en las primeras zancadas es que llevo la zapatilla derecha un poco floja y me da mucha rabia porque mira que había tenido tiempo de apretarla bien. Pero lo tenía muy claro que no pararía por este motivo ni un segundo. Según ganaba altura el puente, el viento era un problema mayor, parecía que iba arrancar el dorsal del pecho y en ocasiones parecía que incluso podría tirarte. En alguna ocasión hizo que mis piernas tropezarán una con la otra y a punto estuve de irme al suelo. Una vez pasado el puente de Verrazano (casi 3 kms) la cosa mejoró algo pero el viento fue una constante durante toda la carrera y en especial en los puentes donde la complicó muchísimo.

Los kilómetros pasaban y mi ritmo era muy bueno, incluso por debajo de 4 min el km. Sé que era un ritmo muy a alto para mí pero me encontraba fuerte, y estaba convencido que podría correr a ese ritmo toda la carrera. Las sensaciones eran buenísimas y sin rastro de las molestias que había tenido en días pasados. Todo esto hizo que pasara el medio maratón en 1h 26min, lo que significaba hacer mejor marca en esa distancia. Una pasada, ni me lo podía creer, vale que a lo mejor esa primera parte era más favorable pero con las condiciones del tiempo me parecía un sueño correr a esos ritmos. De hecho en ese punto estaba más que convencido que conseguiría bajar de las 3 horas o estar muy cerca de conseguirlo. También era consciente de que quedaba lo más difícil y que no sería fácil.

A partir de kilómetro 26 se empezaron a torcer un poco las cosas, estaba claro que no iba a ser todo un paseo de rosas. Todo empezó con la cinta del pulso que se empezó a caer y en un intento de colocármela esta se desengancho del todo. Por lo que no me quedo otra opción que quitármela y correr sin ella. Estaba claro que al igual que la zapatilla no iba a perder un segundo en parar a ponérmelo. Fue justo un poco después cuando ocurrió la anécdota de la carrera, no recuerdo en que iba pensando o que fue lo que ocurrió, el caso es que en una curva a la izquierda de noventa grados me fui al suelo. Fue una buena caída y la verdad que me pude hacer daño. Rodé como una croqueta por el suelo e inmediatamente me levanté sin consecuencias importantes salvo el golpe, sobre todo en los codos y un amago de sobrecarga en el cuadricep de la pierna derecha. Unos minutos mas tardes estaba olvidado.


La carrera se me empezó a hacer dura al cruzar el último puento y enfilar la primera avenida de Manhattan. El viento soplaba de cara muy fuerte. Debería ser ya el kilómetro 30 ó 31 y las piernas empezaban a fallar, los ritmos ya no eran tan buenos y las sensaciones empeoraron bastante. Me hubiera gustado estar más fresco en este tramo final pero en una maratón es difícil a estas alturas de la carrera. Cuando enfilas las quinta avenida justo antes de Central Park hay unos kilómetros de subida durillos que parece que no acaban nunca y es aquí donde los problemas musculares son mayores. A esto se le añade una sensación de mareo que me deja muy mal cuerpo. Aquí es donde veo que me pasa el globo de 3h 10min. Es un chasco pero se que queda muy poco y que aún puedo hacer una buena marca. El paso por Central Park es muy duro ya que tiene continuas subidas y bajadas. Aquí en algún momento tengo que parar para ver si mis piernas espabilan y me llevan a la meta. Los dos últimos kilómetros son una mezcla de sufrimiento y alegría que no soy capaz de describir aquí. Poco antes de llegar al tramo final tuve la suerte de poder ver Bárbara y Álvaro que con su barderita y con un pequeño cencerro no dejaban de animar y que te pone los pelos de punta verlos como comparten contigo esos momentos. Entrar desde Brodway Street a Central Park y recorrer esos últimos metros es algo que jamás olvidaré pero que en ese momento estaba deseando que pasaran cuanto antes ya que no podía más.


Al final 3 horas 11 minutos, mejorando la marca de Berlín justo un año antes en 12 minutos. Es para estar muy contento aunque siempre te queda ese sabor agridulce de haberte visto muy cerca de conseguir las 3 horas. Seguramente me equivoqué con la estrategia de carrera y debía haber conservado mi saquito de fuerza al principio para no sufrir tanto al final de la prueba peros de verdad que me veía con fuerza y estaba convencido que podía aguantar el ritmo hasta el final. Aún me queda mucho por aprender y de esta prueba he aprendido que "Nunca es demasiado despacio, nuca es demasiado cómodo" (Dani)

Sueño cumplido y muy feliz por haberlo hecho realizado. Normalmente después de una prueba de este tipo te queda una sensación de vacío que tarda en desaparecer. Pero en esta ocasión esta sensación no es mucha ya que el próximo objetivo en el horizonte no es menos importante y desde ya mismo lo empiezo a preparar.

domingo, 3 de agosto de 2014

Extreme Man - Riaza


Bueno pues han pasado ya unos días después de participar en mi tercer media distancia del año y las cosas se ven con prisma.........ya estoy recuperado del esfuerzo y en resumen estoy muy contento de como fue, por supuesto que se puede hacer mejor, evidentemente, pero si lo comparamos con los half que he hecho este año y el anterior no hay color, la cosa ha mejorado considerablemente. Y puedo decir que en este es donde mas he disfrutado. Así que si os parece os cuento un poco como ha ido la prueba del pasado domingo.


Pues por fin he conseguido bajar de las 5 horas,exactamente 4h 53min 53seg. Nadando la cosa fue de menos a más, de menos porque apenas pude calentar y me costó coger el ritmo de brazada, Esto me esta ocurriendo últimamente, que me cuesta como 300 o 400 metros empezar a sentirme cómodo en el agua. Luego la cosa va mucho mejor y empiezo a nadar a gusto. La natación la hice en 32min, lo que equivale a un puesto 43. Otra vez creo que he salido con los de delante y muy bien colocado, de hecho cuando he salido estaban casi todas las bicis menos las de los élite....... así que por esta parte muy contento. Otra cosa importante es que salí sin calambres. Hice caso de mi entrenador que me aconsejó no abusar tanto de la patata cuando se nada con el neopreno y parece que la cosa funcionó.




La bici de primeras tenia la intención de tomármela  tranquila y sin desgastarme mucho pero las sensaciones fueron bastante buenas y he apretado lo que he podido. Sin desfondarme pero dándole. El resultado ha sido de una media de casi 31km/h en un recorrido de 75kms con constantes subidas y bajadas. Era un recorrido muy exigente o como diría Chiqui "la bici de Riaza es como un puto IronMan". Iba reservando fuerza para correr pero me he bajado bastante entero y sin calambres. Como os digo, las sensaciones han sido muy positivas y me he encontrado como hacia tiempo que no me sentía encima de la bici, donde todo dios me adelantaba, pues hoy habré perdido muy poquitos puestos, de hecho he marcado el puesto 47 en este sector. Por lo que apenas perdí puestos con mi posición a la salida del agua.


La carrera a pie se puede dividir en tres partes. Del km 1 al 6 donde he corrido bastante rápido sacando una media un poco por encima de 4:30, incluso haciendo el primer km a 4:17. Lo que significa que de la bici en principio me bajé bastante bien. Un segunda parte entre el km 6 y 15 donde me di cuenta de que iba demasiado rápido y me puse a correr a una media de 5. Quizá más razonable para mí. Y una última parte del km 16 al 21 donde empecé a penar y a correr por encima de 6min/km, incluso en algún momento tuve que parar porque mis piernas no daban para más. Sufrí bastante en esta última parte. He de decir también que tuve bastantes molestias estomacales durante toda la carrera a pie y se me hacia muy incomodo correr.



Es posible que me pasara factura haber corrido tan rápido en la bici o simplemente que aun no estoy para mucho más pero me voy contento sobre todo por haberme reconciliado un poco con la bici y con la transición a correr aunque al final lo pagara. Un puesto 64 de 241 que acabaron la carrera que me deja con un buen sabor de boca y con la sensación de haberlo dado todo, y con la ilusión de que si mejora un poco la carrera a pie podría estar algo más arriba. 

Pero sin lugar a duda lo mejor fue cruzar de la mano del peque, que después de estar animando a todo aquello que se movía pudo entrar en meta conmigo de la mano. Como se puede ver en el vídeo, el tío lo dio todo en los metros finales e incluso iba chocando manos con el publico. Muy grande Álvaro.





Esta vez quiero destacar a la organización, que a pesar de algunos detalles que se podrían mejorar como el acceso a la salida fue bastante buena. Los avituallamientos estuvieron bien y el post-meta fue bueno. Fue todo en acierto hacer pasar la carrera a píe y poner la meta por la bonita plaza de Riaza. Ahhh y todo con una buena cara y amabilidad. Por lo menos esa fue mi experiencia.


Ahhhh y que no se me olvide, mencionar que tuve la oportunidad de estar en el debut de unos de los mejores atletas españoles en el triatlón. Hablo de Chema Martinez, que en su primer triatlón hace un quinto puesto. En mi vida había visto correr a alguien en un triatlón a ese ritmo, que barbaridad, me quito el sombrero. Me cae bien el Chema este, no se le cae la sonrisa en ningún momento, todo amabilidad con todos aquellos que querían hacerse una foto con el. Y claro yo no iba a ser menos. ;


Ahora, en unos días comienzan las vacaciones y con ellas la preparación con vistas a Nueva York..... ahhhh y sin olvidar que dentro de un mes tengo otra media distancia en Guadalajara. Y quien sabe si ya tendré mi nueva amiga...... ;)

Gracias Bar una vez mas por todo, a por la siguiente, este equipo no para.

Nacho